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miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Por qué Escribir?

¿Y por qué hablar, y por qué portar cualquier cosa que no sean uniformes anónimos, y por qué movernos subjetiva pero colectivamente cuando surge un beat, o una bachata, o un profundísimo bajo? ¿Para qué remarcar un gesto al escuchar una opinión o historia que nos ha calado o disgustado, para que reír o llorar o gritar de dolor aún cuando podríamos controlarlo? ¿Por qué es tan necesario expresarnos y construir los medios para expresarnos?

Aquella versión idealista en que todo brota de un deseo natural humano de fundirse con su alrededor a través de la proyección de sus sentimientos o su energía o su fuente creativa es un poco cursi y al mismo tiempo podría llegar a explicar la necesidad de expresar sentimientos sublimes, como la devoción o el amor en su expresión más desprendida. Tampoco es falso que nuestra misma química corporal responde al contacto social, de tal modo que la expresión estimula la producción de hormonas que nos mantienen en mejores estados anímicos.
Así, en donde existe un deseo, existe una necesidad. Y si la necesidad es encontrarnos en "mejores estados anímicos", es decir, ser más plenos, felices o en un mayor equilibrio, entonces la necesidad de expresar algo proviene directamente de nuestro propio instinto de supervivencia.

Necesitamos expresarnos por la misma razón que comemos, dormimos y cagamos... Para sobrevivir. Uno mismo. No tú, no él, no ellos...
Toda expresión, y por ende todo quehacer artístico, es un acto de redención consigo mismo. Conforme más complejo sea el significado de una obra de arte, mayor complejidad es la de los sentimientos -posiblemente en búsqueda de la empatía, pero aún subjetivos- del artista.
Recordemos a Goethe, quien antes de escribir Werther se encontraba fatigado, frustrado y básicamente hasta la madre de la sociedad hipócrita y burguesa en la que se veía envuelto -no muy distinta a la sociedad hipócrita y burguesa de nuestros tiempos-, por lo que comenzó una historia en búsqueda del desahogo y a medida que la iba finalizando y encontraba sus sentimientos plasmados en este librito, declaró sentirse "librado de la carga que implicaban sus pensamientos".

La liberación de ideas, emociones y razonamientos es una tarea de supervivencia. Y qué mejor que hacerlo a través de la palabra, eterna guardiana y ninfa del ego y la expresión individual directa. Y luego viene el repertorio. Amplio, amplísimo escenario de posibilidades para expresar lo que nos venga en gana. La inagotable diversidad cultural, hordas titánicas de información por la cual podemos navegar y con la que podemos interactuar hasta que nos estallen los sesos.
Rober Lowie especificó que el contacto y la expresión entre grupos humanos acelera categóricamente el desarrollo de la cultura. El Homo Sapiens ha existido por 120,000 años, y hace apenas 6,000 años que comenzaron a manifestarse prematuros registros culturales. Y hace apenas 300 años esta aceleración comenzó a multiplicarse exponencialmente. Esto coincide con el creciente contacto que poco a poco fueron desarrollando las distintas sociedades del mundo. Así llegamos hasta este punto, en donde los medios de comunicación y expresión se encuentra en un apogeo sin precedentes, especialmente en el medio urbano.
Aborígenes Urbanos.
Somos aborígenes de la expresión. Ella es nuestro hábitat. Nacimos empapados en la constante creación y procreación de ideas. Construímos nuestra memoria, nuestra historia y nuestras sensaciones a través de símbolos e imágenes, registros monumentales de información que seleccionamos de acuerdo a nuestras particularidades y nuestra curiosidad.

Así, a cuenta propia, genero este medio de expresión para despilfarrar mi ser. Po el puro placer de hacerlo. Por el puro insinto de sobrevivir.